Tifosis Aviar: La importancia en el control de la enfermedad
Por Diego Delgado, Servicios Veterinarios para Ceva Salud Animal Cono Sur
La tifosis aviar, también conocida como Salmonelosis Aviar, es una enfermedad bacteriana de carácter septicémico producida por Salmonella entérica serovar Gallinarum (SG). Esta patología se caracteriza por generar elevada morbilidad y mortalidad, siendo las ponedoras comerciales el grupo más afectado. Si bien todas las aves son susceptibles a la infección, la mayor incidencia se registra en gallinas ponedoras de color marrón y en reproductoras pesadas. Salmonella Gallinarum integra el grupo de salmonelas inmóviles de especificidad aviar, con capacidad para afectar gallinas, pollos, pavos y faisanes.
Agente Etiológico
Salmonella Gallinarum es una bacteria capaz de infectar aves de corral domésticas en cualquier etapa de su desarrollo. La infección desencadena una enfermedad sistémica grave cuyas manifestaciones más relevantes son la hepatomegalia severa, la esplenomegalia y la septicemia (Shivaprasad, 2000).
En cuanto a su localización en el organismo, la bacteria puede hallarse en el tracto gastrointestinal durante los estadios iniciales de la infección —tras la contaminación oral— y también en las fases terminales de la enfermedad, cuando el ave se encuentra en proceso de muerte (Barrow et al., 1994; Wigley et al., 2002). S. Gallinarum guarda una estrecha asociación con las células del sistema fagocítico-mononuclear y tiene la capacidad de residir en el interior de los macrófagos presentes en el hígado y el bazo.
Fuente: O’Connor, A. The Salmonella Problem in Poultry: Incidence, Outbreaks and European Legislative Overview
Fuente de Infección y Signos Clínicos
La principal vía de ingreso de S. Gallinarum a los lotes avícolas es el contacto con aves infectadas a través de la transmisión horizontal, aunque la vía vertical también ha sido ampliamente documentada. En consecuencia, la introducción de este agente patógeno en los planteles puede prevenirse mediante la implementación de medidas de bioseguridad rigurosas orientadas a minimizar el riesgo de exposición a aves enfermas, personas, equipos y fómites procedentes de establecimientos infectados (Shivaprasad, 2003).
Las aves afectadas eliminan la bacteria a través del huevo y la materia fecal, constituyendo así una de las múltiples fuentes de infección. A estas se suman los roedores, el personal de granja, insectos como los cascarudos, el alimento, los vehículos, las aves silvestres, los fómites y el reúso de bandejas o maples, entre otras fuentes potenciales.
La expresión clínica de la enfermedad está condicionada por distintas variables que determinan su severidad y evolución (Oliveira et al., 2005):
- Edad de las aves
- Dosis de desafío
- Susceptibilidad de la línea genética
- Estado nutricional
- Factores de estrés
- Granjas multi-edad
- Agentes infecciosos concurrentes
- Prácticas de manejo
Si bien la tifosis aviar afecta tanto a aves domésticas como comerciales, existe una marcada diferencia en la susceptibilidad según el tipo productivo: las ponedoras de color son las más vulnerables, seguidas de las reproductoras y, en menor medida, de las ponedoras blancas.
Entre los signos clínicos más frecuentes se observan depresión, somnolencia, anorexia, alas caídas, deshidratación, dificultad respiratoria, diarrea, debilidad general y adherencia de heces a la zona cloacal (Huberman, 2008).
La infección habitualmente desencadena mortalidad en aves susceptibles, aunque en algunos casos puede establecerse una infección persistente en aquellos animales que superan la fase aguda (Wigley et al., 2002; Wigley, 2004). Los índices de morbilidad y mortalidad pueden alcanzar hasta el 80%.
La enfermedad puede presentarse de forma aguda o crónica, dependiendo fundamentalmente del grado de patogenicidad del agente causal. En situaciones de sepsis hiperaguda, es posible que ocurra muerte súbita de las aves sin que se manifiesten lesiones ni signos clínicos evidentes.
En aves adultas resulta llamativa la elevada mortalidad, que puede afectar de forma diferencial determinadas secciones del galpón, tanto en reproductoras como en ponedoras. Los animales se presentan decaídos, apáticos, con plumaje erizado, sin apetito y con tendencia a la somnolencia. En pollitos BB nacidos de madres contaminadas pueden registrarse muertes en la nacedora y, durante los primeros días en granja, se observan decaimiento, somnolencia, retraso en el crecimiento, debilidad y acumulación de heces en las plumas perí-cloacales.
Las lesiones presentes en la necropsia varían según la evolución de la enfermedad. En los cuadros agudos se constata hepatomegalia, hígados de coloración pardo-verdosa con focos miliares blanquecinos, hipertrofia esplénica, focos necróticos blancos miliares en parénquimas de diferentes órganos (pulmón, corazón, proventrículo), peritonitis y ovarios inflamados y deformados.

Tifosis aviar aguda. Hígado agrandado con múltiples necrosis miliares. (Foto extraída del Atlas a Color «Enfermedades de las Aves» Ivan Dinev & Ceva. Segunda Edición Ceva 2011. Facultad de Medicina Veterinaria. Trakia University. Stara Zagora, Bulgaria.)

Tifosis aviar aguda. Necrosis hepática con manchas de distribución homogénea y diámetro variable. (Foto extraída del Atlas a Color «Enfermedades de las Aves» Ivan Dinev & Ceva. Segunda Edición Ceva 2011. Facultad de Medicina Veterinaria. Trakia University. Stara Zagora, Bulgaria.)

Tifosis aviar aguda. Hipertrofia de bazo con nódulos grisáceos-blanquecinos prominentes en la superficie. (Foto extraída del Atlas a Color «Enfermedades de las Aves» Ivan Dinev & Ceva. Segunda Edición Ceva 2011. Facultad de Medicina Veterinaria. Trakia University. Stara Zagora, Bulgaria.)

Tifosis aviar crónica. Lesiones en gónadas. Los ovarios pueden presentar cambios inflamatorios y degenerativos. (Foto extraída del Atlas a Color «Enfermedades de las Aves» Ivan Dinev & Ceva. Segunda Edición Ceva 2011. Facultad de Medicina Veterinaria. Trakia University. Stara Zagora, Bulgaria.)

Tifosis aviar crónica. Folículos deformados que adoptan una morfología pendular delgada. (Foto extraída del Atlas a Color «Enfermedades de las Aves» Ivan Dinev & Ceva. Segunda Edición Ceva 2011. Facultad de Medicina Veterinaria. Trakia University. Stara Zagora, Bulgaria.)

Necrosis y nódulos pulmonares. (Foto extraída del Atlas a Color «Enfermedades de las Aves» Ivan Dinev & Ceva. Segunda Edición Ceva 2011. Facultad de Medicina Veterinaria. Trakia University. Stara Zagora, Bulgaria.)
Prevención
A pesar de que la tifosis aviar ha sido erradicada en numerosos países y regiones —entre ellos Australia, América del Norte y la mayoría de los países europeos— gracias a la implementación de protocolos estrictos de bioseguridad combinados con programas de control específicos que incluyen la vacunación, aún existen regiones donde S. Gallinarum representa un problema sanitario de consideración, con un impacto productivo y económico significativo.
La estrategia de control más eficaz debe contemplar la combinación de bioseguridad estricta con la ejecución de procedimientos adecuados de manejo y erradicación (Calnek et al., 1997). En este marco, la vacunación para prevenir o reducir la infección por Salmonella en aves de corral ha sido reconocida y adoptada a nivel mundial como herramienta complementaria de control (Oliveira et al., 2005).
No existe un programa de vacunación único y universal, pero en términos generales se recomienda la aplicación de dos vacunas vivas de Salmonella Gallinarum por vía inyectable, con una complementación mediante vacunas inactivadas que potencian sinérgicamente la protección frente a la tifosis. La correcta ejecución del programa vacunal durante la etapa de recría, en un contexto de bioseguridad operativa rigurosa, resulta fundamental para garantizar su eficacia.
Cabe destacar que la vacunación por sí sola no es suficiente para lograr un control efectivo, eficaz y sostenido de la enfermedad. Deben integrarse además otras variables de control, como el mantenimiento de adecuadas condiciones de bioseguridad y la incorporación al establecimiento de aves libres de la enfermedad.
Para la prevención de la tifosis aviar se han utilizado tanto la vacuna viva SG con la cepa 9R como vacunas inactivadas (Lee et al., 2005). Si bien las vacunas inactivadas presentan ventajas en materia de seguridad —al no existir riesgo de reversión a la virulencia ni de diseminación ambiental—, se considera que las vacunas vivas ofrecen mayores beneficios inmunológicos. Estas últimas inducen una respuesta inmune más integral, ya que promueven la expresión de todos los antígenos relevantes in vivo, estimulando tanto la inmunidad celular como la humoral (Van Immerseel et al., 2005). Este aspecto es particularmente relevante dado que, en la protección frente a Salmonella —especialmente en infecciones por serotipos hospedador-específicos—, la inmunidad mediada por células se considera más determinante que la respuesta humoral (Collins, 1974; Mastroeni et al., 1993; Van Immerseel et al., 2005; Barrow, 2007).
La cepa 9R de SG se administra de forma rutinaria en países donde la enfermedad es endémica (Smith, 1956; Shivaprasad, 2000). Esta vacuna también ha demostrado otorgar cierto nivel de protección cruzada frente a Salmonella Enteritidis y Salmonella Typhimurium (Barrow et al., 1991; Audisio y Terzolo, 2002; Tan et al., 2008).
La vacuna SG 9R ha demostrado características adecuadas de seguridad y eficacia en diferentes estudios realizados en gallinas ponedoras jóvenes, incluso cuando se administró a las cuatro semanas de edad (Lee et al., 2005). La cepa vacunal viva 9R induce tanto una respuesta inmune celular como humoral, alcanzando ambas su pico de actividad de manera simultánea. La eliminación de la cepa vacunal del organismo de las aves ocurre aproximadamente tres semanas después de la vacunación y coincide temporalmente con un incremento en los títulos de anticuerpos circulantes anti-salmonela, mayor proliferación de células T citotóxicas dirigidas contra el patógeno y aumento en la expresión de interferón gamma (Wigley et al., 2005).
El alojamiento de aves no infectadas, acompañado del establecimiento de programas de bioseguridad consistentes, ha demostrado ser eficaz para el control de S. Gallinarum. Sin embargo, en establecimientos o zonas con alta presión de infección de campo —especialmente en granjas de edades múltiples o regiones de elevada densidad avícola—, la vacunación se posiciona como una herramienta de control adicional de probada efectividad. En este sentido, la implementación de programas de vacunación que permitan el desarrollo de una protección sólida en las aves constituye un recurso de alto valor para el adecuado control de la tifosis aviar.